sábado, 14 de enero de 2012

0 Relevo en el imperio del leopardo, J.J. Armas Marcelo (y III)

El mobutismo camufló durante décadas sus abusos interminables con la máscara de una revolución radicalmente africana, pero resultó de principio a fin una farsa criminal que retrata una vez el corazón de las tinieblas, de modo que sin razón Swaminahtan volvería a recordarnos hoy que “el mapa del hambre en el mundo coincide con el de las falsas ideologías”. Mobutu fue un regreso más al espíritu primitivo de la tribu; con un barniz de “modernidad” que acallaba la escandalosa corrupción de su régimen, sus abusos criminales y su latrocinio, que han convertido al Congo en el cuatro país más empobrecido del planeta cuando en realidad es naturalmente el de los más ricos. Pero el jefe africano, cuyo bastón lleva grabado símbolos mágicos que pocos han sabido interpretar con certeza (dos pájaros, algo que parece una serpiente, y una figura humana con el vientre hinchado, que contiene tal vez el fetiche del poder), después de profetizar la caída final de Europa para los primeros años del 2000 y contar “con el apoyo de los espíritus de sus antepasados”, se mantuvo treinta y dos años en un poder totalitario. Hasta que hace unos meses el olvidado y sonriente Laurent Kabila, tal vez un epifenómeno tribal de Mobutu, salía del profundo corazón de las tinieblas para acabar con el “imperio del leopardo”.
Para muchos observadores y expertos, el apocalipsis no ha terminado en el fin del mundo. Kabila es un relevo manejado hasta ahora por intereses económicos y políticos norteamericanos, que quieren al Congo bajo su campo magnético y lejos de la influencia francófona y europea. Pero su biografía, al margen de lo que del katangués y sus gentes, sin entender nada de África ni de los africanos, escribió Ernesto Guevara en “Pasajes de la guerra revolucionaria”, delata una astucia taimada y larga, que mide el tiempo con el ancestral artefacto de la paciencia y que nada tiene que ver con los movimientos torpes y la falta de carácter de las marionetas. Para la inmensa mayoría de los zaireños, Mobutu y el mobutismo son sinónimos de hambre y muerte. Ofreció la libertad y el cielo de África para todos sus “súbditos”, que devinieron finalmente en esclavos. En todo este tiempo, Kabila ha recorrido todos los caminos del corazón de las tinieblas, entre los fantasmas de Patrice Lumumba, Moisé Tshombé y Pierre Mulele, ex ministro de Educación que, setenta años después de la visión literaria de Conrad y tras una larga marcha por todo el país, instauró un reinado de terror en Stalleyville. Hasta que Mobutu acabó con él. Kabila sobrevivió a la muerte, se escurrió entre los pasadizos del silencio y la selva, y salió a flote para acabar con el poder del leopardo. El mundo lo celebra como el liberador del Congo y los zaireños bailan de alegría porque nada será peor que Mobutu y su dictadura. Kabila ofrece hoy la esperanza que Mobutu ofreció hace más de treinta años. Falta saber si cumplirá su palabra. O si, bajo su sonrisa feliz de triunfador, se ocultan las ansias del leopardo sanguinario (la misma insaciabilidad que Naipaul vio hace treinta y dos años en Mobutu) por devorar una vez más el corazón de las tinieblas.
J.J. Armas Marcelo
ABC/04.06.1997

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